Proceso inflamatorio agudo del páncreas con compromiso variable de otros órganos. Las enzimas proteolíticas se activan en el páncreas en vez de en la luz intestinal, causando auto digestión.

El cuadro va acompañado de elevaciones de las concentraciones séricas de amilasa o lipasa y/o evidencia radiográfica de inflamación, edema o necrosis pancreáticos.

Etiología

Aunque el páncreas puede recuperar su función y su aspecto normales después de un episodio, la recuperación no es, en ocasiones, completa si la necrosis es sustancial.

En pacientes con episodios recurrentes, puede haber un cambio de inflamación, necrosis y apoptosis agudas a inflamación y fibrosis crónicas, características de la pancreatitis crónica.

Las pancreatitis aguda y crónica forman una secuencia continua, y, en ocasiones, es difícil diferenciar la pancreatitis recidivante aguda de la que evoluciona a pancreatitis crónica.

Anatomía patológica

La PAg conlleva un daño variable de la glándula pancreática y su infiltración por macrófagos y polimorfonucleares.

Desde el punto de vista anatomopatológico hay dos tipos de PAg:

  1. PAg intersticial o edematosa: consiste en un edema inflamatorio del páncreas, y su pronóstico es excelente, y
  2. PAg necrosante: entre un 15% y un 20% de los pacientes con PAg tienen necrosis del parénquima pancreático, de la grasa peripancreática o de ambos

La PAg necrosante se asocia con gran frecuencia a manifestaciones sistémicas que pueden desembocar en fallo orgánico con mayor frecuencia que la intersticial, y a la posibilidad de infección de necrosis.

Etiopatogenia y fisiopatología

La pancreatitis aguda está causada por la activación prematura de enzimas digestivas en las células acinares pancreáticas. El calcio intracelular aumentado y la activación de la transición del tripsinógeno a tripsina parecen ser los pasos iniciales críticos, y a continuación la tripsina activa otras proteasas en el interior de la glándula.

Estas enzimas activadas producen lesión celular y necrosis. La necrosis puede afectar al páncreas, así como a la grasa y a las estructuras circundantes, y dar lugar a extravasación de líquido a los espacios retroperitoneales adyacentes (pérdidas en el «tercer espacio»).

Ese daño produce una serie de reacciones celulares:

  1. Aumento de la concentración de calcio citosólico, que parece asociarse a inestabilidad de los gránulos de zimógenos y a activación intracelular de tripsinógeno a tripsina;
  2. Necrosis celular, lo que libera los llamados damage-associated molecular patterns (DAMPS), moléculas intracelulares que, al lisarse la célula, estimulan al sistema inmune;
  3. Inducción de factores de transcripción, como el factor nuclear κB, con el consiguiente aumento de producción de citoquinas proinflamatorias y moléculas de adhesión celular (estas sustancias atraen células inflamatorias, neutrófilos, monocitos y otras células, al tejido dañado favoreciendo la inflamación local; las citoquinas promueven también la inflamación sistémica);
  4. Bloqueo en la autofagia, la cual consiste en la autodigestión en lisosomas de componentes celulares citoplasmáticos dañados (este bloqueo favorece el paso de tripsinógeno a tripsina, la muerte celular y la inflamación), y
  5. Activación prematura de zimógenos a enzimas activas.

La tripsina a su vez puede activar nuevas moléculas de tripsinógeno y otros zimógenos, lo que provoca una reacción en cadena que puede desencadenar una PAg al producir daño tisular pancreático y peripancreático.

Aunque la necrosis es frecuente, a menudo se produce una necrosis suficiente como para ser visible en una tomografía computarizada realzada con contraste (TC), que suele definir la llamada pancreatitis necrosante aguda, diferenciada de la pancreatitis intersticial, más leve, en la que la necrosis no es visible en la TC.