La MCH puede definirse como una hipertrofia cardíaca primaria, esto es, no secundaria o adaptativa a hipertensión, estenosis aórtica u otra causa.
Esta hipertrofia se acompaña de una cavidad del ventrículo izquierdo no dilatada, suele localizarse en el ventrículo izquierdo, y con frecuencia tiene una distribución asimétrica que afecta predominantemente al tabique interventricular. Los casos de hipertrofia septal con frecuencia originan obstrucción subaórtica dinámica al tracto de salida del ventrículo izquierdo.
En otras ocasiones, la hipertrofia se localiza en la zona apical; con menor frecuencia existe afección del ventrículo derecho.
El porcentaje de miocardio que presenta estas alteraciones, y su distribución, es variable y guarda relación con manifestaciones clínicas, como el riesgo de muerte súbita.
El 80% de los casos presentan mutaciones en el gen que codifica la cadena β de la miosina pesada o en la proteína C de unión a la miosina. La forma de transmisión es autosómica dominante, aunque existen diversos grados de penetrancia según la mutación concreta, y un alto grado de heterogeneidad en la expresión fenotípica incluso entre miembros de una familia afecta por la misma mutación.
Es una enfermedad debida a la mutación de uno de los genes que codifican proteínas cardíacas (la mayoría presenta mutación del gen 14q11 que codifica la cadena beta de la miosina pesada o en el gen 1q3 de la troponina T). La forma de transmisión es autosómica dominante. Historia familiar en el 20%.
Existe una reducción o aumento (según la mutación) de la generación de fuerza, alteraciones del ciclo del Ca+ o un empleo anormal del ATP. La hipertrofia, junto con la mala alineación de las miofibrillas y el exagerado componente fibroso que la acompañan, ocasionan disminución de la distensibilidad ventricular (disfunción diastólica) y eventualmente, insuficiencia cardíaca con función sistólica conservada. Favorecen también las arritmias ventriculares, responsables de la muerte súbita.
La hipertrofia septal asimétrica puede dar lugar a una obstrucción subaórtica dinámica, determinada por el engrosamiento sistólico del tabique hipercontráctil en la zona opuesta a la valva septal de la válvula mitral, lo que hace que contacte con esta.
Esta obstrucción, que está presente en reposo en una tercera parte de los pacientes, se desencadena con el ejercicio en otro tercio. Otras situaciones que desencadenan o incrementan la obstrucción son el aumento de contractilidad ventricular (como sucede tras una pausa postextrasistólica), las reducciones de precarga o de poscarga (administración de vasodilatadores, diuréticos, deshidratación).
Puede haber isquemia miocárdica debida a un desproporcionado aumento de la masa miocárdica en ausencia de un incremento paralelo de vascularización miocárdica.
En los casos en que existe obstrucción subaórtica, además, la aparición de un gradiente sistólico de presión entre la cavidad ventricular y la aorta (aunque realmente el gradiente se produce entre el cuerpo del ventrículo izquierdo y la zona subvalvular aórtica) hace que, mientras que la presión sistólica intraventricular está elevada (lo que condiciona un aumento de los requerimientos miocárdicos de oxígeno) la presión aórtica no lo está. Dado que la presión de perfusión coronaria depende de la presión arterial diastólica (que también es menor que si no hubiese gradiente), se dan las condiciones desfavorables de un aumento de las demandas miocárdicas de oxígeno sin un aumento del aporte.

-Obstructiva (sub-aórtica medio ventricular combinada) -No obstructiva (sub-aórtica de punta)


La hipertrofia septal (pared mayor de 15mm) asimétrica puede dar lugar a una obstrucción subaórtica dinámica, por el engrosamiento del tabique en la zona opuesta a la valva septal de la válvula mitral, lo que hace que contacte con esta (sobre todo durante la sístole). Esto dificulta el flujo de salida del VI y genera una insuficiencia mitral secundaria. La regurgitación sanguínea con el tiempo provocará agrandamiento de la AI.