La mayor parte de las lesiones intracraneales sometidas a tratamiento quirúrgico son tumores intrínsecos que crecen en el parénquima cerebral. La mayoría de estas lesiones parecen ubicadas muy profundamente en el tejido cerebral en los estudios de imagen, pero realmente un buen número de tumores cerebrales intrínsecos están localizados muy superficialmente, bien en la propia sustancia gris o en la sustancia blanca subcortical. Esta aparente incongruencia es debida al hecho de que la superficie cerebral está profusamente plegada en una gran cantidad de giros y sus correspondientes surcos. Los surcos más profundos se denominan cisuras, como lo son la cisura interhemisférica y la cisura de Silvio. Otros surcos profundos se llaman de forma indistinta surcos o cisuras, como ocurre con los surcos o cisuras calcarina y parietooccipital. Todos los surcos se dirigen hacia el sistema ventricular, donde alguno de ellos produce irregularidades o eminencias en la superficie ependimaria ventricular, como es el caso del calcar avis del atrio del ventrículo lateral producido por la cisura calcarina y de la eminencia colateral del asta temporal del ventrículo lateral producido por el surco colateral de la cara basal del lóbulo temporal.

Los tumores cerebrales intrínsecos, la mayor parte gliomas, crecen inicialmente en el seno de un giro cerebral determinado, bien en la sustancia gris o en capas subcorticales de la sustancia blanca, muy superficiales, aunque conforme van creciendo acaban infiltrando progresivamente amplias zonas del giro y las capas profundas del mismo hasta desbordarlo, con la consiguiente invasión de los giros vecinos y/o áreas profundas periventriculares.

Curiosamente, los tumores intrínsecos no suelen infiltrar los planos pial y aracnoideo, con lo que respetan los surcos. Así, durante mucho tiempo se mantiene la estructura anatómica normal de la corteza cerebral, aunque pueda encontrarse groseramente deformada o distorsionada por el crecimiento tumoral. La conclusión práctica es que, en el momento de la cirugía, un gran número de tumores intrínsecos permanecen todavía dentro de los límites de un giro o varios giros vecinos.

El abordaje quirúrgico a los tumores intrínsecos se hace a través de una craneotomía centrada en la lesión y la resección microquirúrgica mediante la disección de los surcos, cisuras o cisternas vecinos al giro o los giros infiltrados, con el fin de realizar la extirpación anatómica de la lesión. De esta forma, la navegación transulcal y transcisternal permite alcanzar lesiones aparentemente profundas sin alterar el parénquima cerebral normal vecino al tumor, reduciendo las probabilidades de un deterioro neurológico postoperatorio.

El objetivo último del tratamiento quirúrgico de los tumores intrínsecos cerebrales es maximizar la resección anatómica y minimizar el riesgo de deterioro neurológico. Para maximizar la resección del tumor se debe incluir la zona anatómica identificada como tumoral en los estudios de imagen junto al tejido nervioso vecino y que se sospecha está infiltrado por células tumorales o cuyas células están ya afectadas por los trastornos genéticos o moleculares que las convertirán finalmente en células tumorales (límites de resección anatómica tumoral). Este tejido puede parecer normal en las técnicas de imagen o durante la propia cirugía. Sin embargo, esta resección tumoral debe llevarse solo hasta el límite donde pueda producirse un deterioro en cualquier función neurológica considerada importante para el paciente (límites de la resección funcional), lo que es especialmente trascendente cuando la lesión se encuentra en un área cerebral funcional relevante o cerca de ella. Con la finalidad de ajustar el balance entre ambos límites de resección («tumoral» frente a «funcional») contamos actualmente con un gran número de estudios anatómicos y funcionales preoperatorios e intraoperatorios.

Aunque, por lo común, los tumores intrínsecos primarios constituyen la más frecuente indicación para el abordaje transulcal, otras lesiones corticales y subcorticales, como metástasis, cavernomas o malformaciones arteriovenosas, se exponen y extirpan siguiendo los mismos principios. El concepto de disección transcisternal y transulcal fue propuesto, defendido y extendido por Gazi Yasargil y se utiliza universalmente como corredor para el acceso y extirpación de lesiones intrínsecas, resección en bloque de un giro que contiene la lesión o de varios giros involucrados por la lesión, así como para alcanzar lesiones emplazadas profundamente en la sustancia blanca, cisuras o espacio periventricular. Siguiendo a Yasargil, «la navegación a lo largo de las vías naturales del líquido cefalorraquídeo asegura un abordaje exangüe, atraumático y definitivo hasta el tumor y requiere una retracción mínima o no requiere ninguna retracción, ya que se emplean vías de disección naturales».