Las células del S.N.C. se han especializado tanto en electrónica, que han perdido su capacidad de reproducción y son completamente dependientes en cuanto a su nutrición.
Son incapaces de almacenar nutrientes Esta dependencia, fundamentalmente de oxígeno y glucosa, explica la necesidad de ajustados mecanismos circulatorios cerebrales, por cuanto una privación de más de 8-10 minutos ocasiona la muerte neuronal.
El cerebro que sólo representa el 2% del peso corporal recibe casi el 20% del volumen minuto-cardíaco y del oxígeno inhalado.
Por día pasan más de 1.300 litros de sangre por el encéfalo de un adulto, lo que representa un flujo de 53-60 cc de sangre, por minuto y por 100 gramos de tejido.
Es evidente la dependencia del S.N.C. de dos factores circulatorios generales:
El flujo circulatorio cerebral es vehiculizado por los sistemas carotídeos y vértebrobasilares, hasta el polígono de Willis, que actúa como un derivador de alta frecuencia, que en caso de déficit de aporte, llega a compensar la eventualidad.
La circulación cerebral tiene dos modalidades hemodinámicamente distintas:
Queda entre ellas una zona fronteriza, que es asiento de la mayor frecuencia de patología vascular y por ello ha sido denominada por Lazorthe “zona de riesgo”.
Ambas variantes, sin embargo, tienen el mismo potencial de perfusión, pese a la distinta resistencia tisular.
Dada la jerarquía funcional del S.N.C., éste trabaja con un factor de seguridad que ha sido estimado en el 40%; esto quiere decir que recibe un suplemento extra en prevención de la hipoxia y la hipoperfusión y recién cuando el flujo desciende del 60% dará signos clínicos de déficit.
Entre el 60-10% la célula nerviosa no puede cumplir adecuadamente sus funciones y evidencia sus alteraciones, pero todavía no ha sufrido daños vitales; en estas cifras se fundamentan los actuales intentos de revascularización cerebral por trombolisis.
El parénquima nervioso dispone de mecanismos propios de lucha contra la hipoxia y el mejor estudiado hasta el momento, es el Síndrome de Hipervascularización (“Luxury Perfusion Síndrome”) de Larsen e Ingvar, evidenciable en estudios imagenológicos tales como la Angiografía y la Tomografía Axial Computada.
Los vasos cerebrales tienen comprobada capacidad de contracción y dilatación, fenómenos actualmente en revisión; la vaso dilatación parecería ser un fenómeno dependiente de los alfa-bloqueadores, mientras que la vasoconstricción o espasmo obedecería a un mecanismo serotonínico inicial y luego dependiente de los canales de calcio.