El ataque cerebrovascular (ACV) o Stroke, se define como un síndrome clínico de origen vascular, caracterizado por la aparición de signos y síntomas rápidamente progresivos, debidos a una pérdida de una función focal y que dura más de 24 hs.


Los AVC o ictus son trastornos habitualmente súbitos derivados de una isquemia o hemorragia del SNC.
Entre 80 y 85% de los ACV son isquémicos, mientras que del 10 al 15% restante son hemorrágicos: hematomas intracerebrales y hemorragias subaracnoideas. El riesgo de ACV recurrente es del 26% en los primeros 5 años y del 39% dentro de los 10 años.
Si bien los ACVs pueden ocurrir a cualquier edad, aproximadamente tres cuartos de ellos ocurren en mayores de 65 años y el riesgo se duplica en cada década a partir de los 55 años.
Uno de los principales determinantes de la ocurrencia del ACV es la presión arterial (explicando la mayor parte de su incidencia a nivel poblacional), seguidos en importancia por el tabaquismo, diabetes, ingesta de alcohol y perfil lipídico.

Insuficiente aporte de sangre al SNC. El AVC isquémico se define arbitrariamente como establecido cuando loss íntomas tienen una duración mayor de 24 h.
El accidente isquémico transitorio (AIT) recientemente se ha redefinido como una alteración neurológica breve causada por isquemia focal cerebral o retiniana, con síntomas clínicos que típicamente duran menos de 1 h y en los que no se evidencia un infarto.
Ictus o stroke. Déficit neurológico que dura más de 24 horas, causado por disminución del flujo sanguíneo en un territorio.
Ictus progresivo. Es un déficit neurológico de instauración súbita que progresa o fluctúa mientras el paciente permanece bajo observación. Puede ser debido a estenosis trombótica progresiva de una arteria, desarrollo de edema cerebral, obliteración progresiva de ramas colaterales o hipotensión arterial. Otra causa es el sangrado postinfarto o conversión de un infarto “blanco” en un infarto “rojo”, que aparece en el 40% de los casos y es más frecuente en ictus cardioembólicos extensos por reperfusión tras un período de isquemia que ha dañado el endotelio vascular. El sangrado postinfarto rara vez produce nuevos síntomas.
A su vez, el AVC establecido se considera progresivo o en evolución si los síntomas empeoran durante las horas iniciales.
Se clasifica en:
La localización preferente de las placas de ateroma es la bifurcación de la carótida y el origen de la arteria carótida interna.
Las estenosis arteriales pueden ser asintomáticas. Su riesgo de transformarse en sintomáticas se relaciona con la composición del material estenosante y el grado de reducción de la luz arterial. Los síntomas se deben preferentemente a la formación de trombos murales sobre una placa de ateroma que, al desprenderse, ocluyen ramas distales de la circulación cerebral (embolia arterioarterial).
Los infartos embólicos se circunscriben a un territorio pial; los infartos hemodinámicos se localizan entre dos o más territorios piales (infartos frontera). No obstante, la localización de un infarto en un territorio frontera no descarta el origen embolígeno.